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El último acorde del suspiro de un bandoneón

Por Edgar Zenere

El último acorde del suspiro de un bandoneón

Por Edgar Zenere

¡Qué últimas cuatro semanas hemos tenido, no? De gente querida que se nos ha ido, figuras a nivel internacional o local que hicieron de su vida una trayectoria ejemplar en su actividad. Ya hemos realizado un recordatorio al “Loco” Gatti, a la figura del Papa Francisco. En un mismo día se nos fue Pepe Mujica y en nuestro “pequeño país”, a decir de Antonio Agüero, tuvimos la triste noticia de la muerte de don Américo Moroso, nuestro bandoneón mayor, que dedicó su vida a una pasión que fue el tango. Una vida poblada de anécdotas, de historias que compartía con mucha emoción y pasión.

Nacido en 1935 en Villa Salles, cerca de Justo Daract (considerada la capital del tango puntano), Moroso descubrió su amor por la música a los 10 años, cuando su padre lo llevaba en sulky a tomar clases con el profesor José Orozco. A los 14 debutó en escenarios, y a los 18 ya lideraba su propia orquesta. Su estilo, marcado por la humildad y la perseverancia, lo convirtió en un símbolo de la cultura cuyana. Su pasión por el tango lo llevó a recorrer diversos escenarios en milongas, festivales, y donde lo invitaran a llevar su arte. Moroso no solo fue un virtuoso ejecutante del bandoneón, sino también un incansable promotor del tango como patrimonio cultural y de la cultura cuyana.

A través del decreto Nº0944 de la Municipalidad de Justo Daract, se denomina al 9º Festival Internacional de Tango con el nombre de Américo Moroso, distinción más que merecida para este batallador de 78 jóvenes años, hecho que despertó aplausos en el colmado Anfiteatro de los Sueños, acompañado por el vicegobernador, Ing. Jorge Díaz, y el intendente Jorge Omar Melano. Se lo observó muy emocionado, con lágrimas en los ojos agradeció y brindó el homenaje a su familia”. 

(Fuente: https://agenciasanluis.com/2013/12/13/153803-con-relumbres-de-puntanidad-comenzó-el-festival-de-tango/ ). Su trayectoria y legado quedaron plasmados en su autobiografía, titulada "Una leyenda", publicada en 2024, y en un documental sobre su vida estrenado en 2022. Américo Moroso falleció el 13 de mayo de 2025 a los 91 años en Justo Daract, causando un profundo pesar en el ámbito del tango y la cultura puntana.

Tuve la oportunidad de hacerle una entrevista para mi programa de radio “Milonga Urbana” (programa que fue ternado para los premios radiales “Carolina Tobar García” y ganador del premio “Reina del Plata” como mejor programa de música ciudadana en Bs. As.), que fue un programa especial dedicado a su figura. Recuerdo una tarde agradable de septiembre de 2018, me recibió en su casa en la localidad de Justo Daract -distante 130 km de la ciudad de San Luis-. Fue una de las entrevistas más extensas que hice, duró más de 3 horas y media, donde recorrimos toda su vida musical desde sus comienzos, la época dorada del tango, los bailes de antaño en salones con piso de tierra, hasta su obra, el festival de Justo Daract que lleva su nombre -lamentablemente hace unos años que no se realiza-. La parte más emotiva fue cuando trajo su bandoneón, su eterno compañero, y dibujó unas notas repasando el estilo de las principales orquestas de la época dorada del tango. Su gran sueño que le quedaba por cumplir era dejar su legado a los jóvenes; incluso se propuso enseñar gratis a quien quisiera aprender a tocar el bandoneón. Don Américo fue un maestro con todas las letras, formó a músicos y cantantes, formó diferentes orquestas. Por sus venas corrió la pasión por la música y el tango.

La entrevista fue muy extensa, vamos a transcribir una parte de la entrevista y la parte más musical, que él nos deleita con su eterno amigo el bandoneón. Brindaremos el audio del programa de “Milonga Urbana”. Con ustedes, el maestro Américo Moroso.

Entrevista a Américo Moroso en "Milonga Urbana" 

 Nos encontramos con el maestro Américo Moroso en su casa, muy amable por recibirnos y para charlar un poco sobre su historia, sobre el tango y su vida. Para empezar, maestro, ¿cómo empezó su pasión por el tango?

Buenas tardes, Edgar. En primer lugar, te agradezco que te hayas molestado en venir hasta mi casa. Esto para mí es mi templo, digamos así, ¿no? Y aquí ensayamos todo. Bueno, el amor por el tango, me preguntabas. El tema es así: cuando uno es adolescente, y en los tiempos míos, cuando yo era joven, se escuchaba mucho tango. No había televisión, había radio, pero no todos podían tenerla. Eran por los años 46, 47, por ahí. Y bueno, yo escuchaba audiciones de radio en la casa de un amigo mío que tenía la radio a pila, porque mi viejo no tenía radio. Mi viejo fue inmigrante desde Italia. Me contaba ahí que, porque eran países muy conflictivos, Italia y toda la zona austral, Alemania y todo, siempre andaban en guerra, de guerra en guerra. Entonces, mi viejo decidió venirse para América. Buscaba la América de la paz y del trabajo. Como muchos inmigrantes que vinieron...

 ¿En qué año vino su papá?

 Mi papá vino en el año 1923. Vino en barco. Tres meses de viaje, sin ver tierra. Así que bueno, se afincó acá. El oficio de él era mozo de familias reales, que todavía existen en Italia, los condes, toda esa gente así, los príncipes. Y se servía la comida con guantes blancos y todo, como se usaba en esa época. Y mi viejo hizo de todo hasta que llegó acá con un cuñado de ahí que tenía fábrica de ladrillos. Y le dice: "Pedro, ¿por qué no te venís para acá?". Porque andaba solo acá, vio. Él, en principio, se vino porque estaba Mussolini en el poder, en Italia. Y allá, el que se mostraba solamente indiferente, lo tomaban como contrario. Entonces, lo hacían piquetes de personas y lo seguían. A los que ellos consideraban contrarios, los hacían tomar un litro de aceite de ricino. Mira qué manera de querer hacerse, digamos, que lo convencieron de esa manera. Y mi viejo se enteró, le dijeron: -"Pedro, ¿te dijeron? Pedro, te andan buscando para darte aceite de ricino". Entonces, mi viejo le dijo a su padre: "Papá, me voy a ir a América". "¿Cómo te vas a ir a América?". "Sí, me voy porque me andan buscando y no quiero que me hagan nada y tampoco que les pase nada a ustedes". Entonces, así fue. Vino acá, después de estar un tiempo en Buenos Aires, se vino para acá, Justo Daract, y trabajó con mi tío, que tenía una fábrica de artesanías. Entonces, bueno, así fue, así empezó. Y vino acá, hizo de todo, pobre viejo. Como esos viejos que vinieron a hacer, no a hacerse la América, a hacer la América.

 

 ¿De qué zona de Italia era su papá?

Américo Moroso: Era de la provincia de Friuli. El pueblo se llamaba San Daniele. Un pueblo chico. Y bueno, ellos vivían de una manera muy distinta que acá. Y se tuvo que aprender el idioma así como podía porque no había maestro, no había traductor, nada. Y así le pasaba a todo el mundo que venía, a todos los extranjeros. Y bueno, él traía, como les decía, una acordeón chiquito que con la gente que había venido con ellos se hicieron amigos, después se encontraron muchos de ellos, se hacían fiestas, cantaban canzonetas y él hacía ahí alguna introducción con el acordeón. Pero se escuchaba nada más que el comienzo porque cuando empezaban a cantar, los gringos cantaban con toda la voz que tenían, el acordeón desaparecía. Bueno, ese fue, digamos, el incentivo de la música en realidad. Por eso yo le agradezco a mi viejo que fue también el que trajo la música a mi casa. Que de ahí empezó un hermano mío mayor que lamentablemente también se fue muy joven, que tocaba muy bien el acordeón y también el bandoneón. Y entonces ahí empecé con un señor maestro que venía de Villa Mercedes, que venía todos los sábados porque yo vivía en Villa Salles, que es un pueblo que queda de acá al oeste unos 4 kilómetros. Venía todos los sábados de Villa Mercedes a enseñar a una casa de otros músicos de Justo Daract. En esa época estaba el auge del tango, en esa época estaba el furor. La época dorada que por suerte está volviendo ahora con muchos músicos y cantantes, pero de primer nivel.

 En esa época usted escuchaba la radio. Una vez escuchando un documental de Antonio Carrizo decía que la radio y el tango casi nacieron juntos. Era el auge del tango y donde la gente iba a la radio a escuchar las orquestas, las grandes orquestas: la de Pichuco, Pugliese, Di Sarli. ¿Con quién de todas esas orquestas usted se identifica más?

 Mire, generalmente uno tiene un panorama general. Cada uno, porque lo principal de cada conjunto es mi criterio, ¿no?, es tener su propia personalidad. Di Sarli era la orquesta que sonaba los violines, primero que todo. Pichuco, bueno, Pichuco era el bandoneón.

 -Piazzolla también?

 Piazzolla era un músico muy inteligente, muy capaz. Pero era demasiado, no sé cómo llamarlo, que quiso imponer el tango de él, al cual la gente no entendía cuál era el mensaje que él quería dar. Hasta actualmente, recién ahora, están dando mucha difusión a lo que él hacía porque era un músico extraordinario. Pero había muchísimas orquestas. Bueno, Troilo, como usted decía, Alberto Mancione, Leopoldo Federico, después con Julio Sosa, Armando Pontier.

Yo me casé en el año 1958. Así que este año, el 30 de enero de este año, hizo 60 años que estamos casados con mi esposa, que es mi actual compañera todavía, gracias a Dios. Entonces, mi hermano, que yo ya conocía en Buenos Aires porque había estado tocando en Buenos Aires, me dice: "Vamos a hacer una vuelta". Con mi esposa viajamos a Mendoza y después hicimos un viaje a Buenos Aires. Y fuimos a un café que se llamaba Bristol de Esmeralda, que es un café que había en Buenos Aires. Que son dos calles, ¿vio? Y ahí conocí a Carlos Figari. Bueno, mire, ir a ver una orquesta de diez músicos, tomando dos o tres cafés o lo que tú quisieras, era realmente una belleza, porque era un lujo. Porque ver orquestas por poquitas cosas, era el furor, como decían. Y había muchísimas orquestas que no eran de tanto renombre. Así como Mancione, estaba Ricardo Tanturi, Alberto Castillo, ¿vio? Cantó tanta gente que ha trabajado por este género, que es el género que lo representa en el mundo entero, porque yo conozco mucha gente que ha ido al exterior y le preguntan: "¿Usted de dónde es?". Y dice: "De Argentina". "Ah, tango", le dicen. Y también le agregaban Maradona y carne, porque era el fuerte de la Argentina.

Y en esa época de joven, que empezó con sus primeros pasos con el bandoneón, ¿fue difícil aprender el bandoneón? ¿Se armó alguna pequeña orquesta al principio? ¿Cómo fue?

 Bueno, todo lleva su tiempo. Los chicos ahora me dicen, le pregunto yo a los chicos: "¿No te gustaría aprender a tocar el bandoneón?". "Sí, pero tiene muchos botones, es difícil". Me parece que es difícil, pero es cuestión de probar. A mí me costó como todo. Todas las cosas al comienzo cuestan un poco, pero también valen las ganas de hacer las cosas, el amor, porque uno también, como yo le decía recién, se identifica con la música que escuchó cuando era joven. A mí me gusta toda la música, buena música, porque en esa época había tangos, en cada baile había una orquesta de tango, una de jazz y una característica, fíjese. Acá en Justo Daract había bailes así, y había gente para todo, y se podía pagar la orquesta, orquestas enormes, de doce o trece músicos. José Basso, por ejemplo, vino acá, tenía a Floreal Ruiz y a Durán, otro gran cantor. Claro, las cosas van pasando. Yo fui de a poquito, primero toqué en varios conjuntos, que a los 14 años ya empecé a tocar con otros grupos. Y ya cuando tenía 18 años, en el año 1954, a los 20 años -yo nací en el 34-, a los 20 años formé mi primer cuarteto: bandoneón, piano, violín y contrabajo. Y un cantor que estuvo conmigo muchísimos años, que se llamó Juan Carlos Herrero. Y bueno, uno se va formando con el tiempo, escuchando, viendo cómo hace uno, o sea, empapándose de lo que es realmente el tango. Y bueno, y progresando, y siendo constante, y teniendo perseverancia y amor por lo que hace. Porque yo lo que hago, cada vez que toco, no veo a la gente. Yo me entrego de pleno. Yo a donde voy, quedo bien.

"Donde voy, quedo bien", le voy a contar una anécdota. Hace muchos años, cuando todavía se usaban los bailes en Villa Mercedes, en la Sociedad Italiana. Había tocado un montón, como tres entradas de una hora. Y yo estaba, eso que era joven, estaba reventado. Y la gente se le había puesto que siguiera tocando. Había rodeado el conjunto y me pedía otra tema. Y ya a mí no me daban la fuerza. Y le pedía a mi amigo Jesús, "dame un poquito más de fuerza". Y así fue, tocamos otros temas más, quedamos súper bien. Como siempre lo hacemos.

Hace poquito estuve tocando en Merlo, en la fiesta de la dulzura. Había varios conjuntos, había folclóricos, también había otros números de títeres, había otros bailes de la música de zumba, esas cosas así que se usan ahora. Pero yo me quedé impactado porque cuando llegué, fue como a esta hora que toqué, porque era de día, por el frío. Esas horas muy frías, muy tarde. Empezamos a acomodar y claro, la gente de Merlo, yo ya he ido muchas veces. Y yo no iba conmigo, iba mi conjunto, pero iba a acompañar a dos hermanos que son de San Luis, que cantan tango. Bueno, empezamos a acomodar todo y la gente que estaba empezó a arrimar, a arrimar. Es increíble el silencio y el respeto que tiene por lo que uno hace. Realmente cada vez que lo hago me emociona porque ese es el mejor pago que tiene un artista: el silencio y el apoyo. Usted sabe que íbamos a hacer cinco temas: tres cantados, uno instrumental y dos más cantados. La cuestión es que arriba del palco era al aire libre y se estaba poniendo una tarde fresca, y en lugar de hablar, no sé, me estaba endureciendo, y me pidieron otra, otra, otra. Tocamos tres más y bueno, yo nada más. Esas cosas que después a mí en particular me causan una cosa muy linda porque cuando llego a mi casa y pongo la cabeza en la almohada, me quedan todas esas cosas sonando. O sea, como si estuviera viviendo el momento. Queda grabado. Como un mimo al alma de la persona. Eso es importantísimo.

 Maestro, ¿cómo eran esos bailes de antes? Porque uno va ahora a la milonga. Obviamente que más allá que todo grabado, hay un DJ que pasa tanda de tango, tanda de milonga, tanda de vals. Pero es diferente la orquesta en vivo. ¿Cómo eran esos bailes de antes, esas milongas?

 Le voy a contar una historia muy graciosa. Aquí en Lavaisse, un pueblo que está cerca, el baile se hacía una vez por año. Claro, lo hacían en el galpón de carga. Y bueno, ahí hacían un palco así, improvisado. En esa época era muy pobre. El galpón tiene como 50 metros de fondo. Pero se llenaba de gente. Claro, porque empezaba en la mañana la fiesta con peleas de gallos de riña que se usaban en esa época. Después sortijas, caballos de sortijas... Después el baile. La cuestión es que cuando empezamos a tocar, la gente se llenaba. Había que tocar no solo tango, había que tocar de todo. Había que tocar rancheras, pasodobles, foxtrot. Más que todo le gustaban los valses a la gente. Porque claro, por ahí había gente que no entendía mucho lo que es bailar tango. La cuestión es que yo, ya charlando con gente y con los chicos de la orquesta, saqué estas conclusiones: los que estaban cerquita bailaban porque escuchaban la orquesta más o menos. Los que estaban en medio bailaban porque apenas la escuchaban. Pero los que estaban en el fondo bailaban porque bailaban los otros. A veces la orquesta terminaba y ellos seguían bailando. Bailaban porque no tenían espacios más cerca.

 

El día de la entrevista en la casa de Américo Moroso

 

- ¿Era un piso de tierra?

 No, me parece que era un piso como si fuera parqué. Pero son cosas que ahora que pasó el tiempo y después me ha tocado tocar en zonas importantes como Villa Mercedes. Una vez, en el Club San Martín, no sé si se conoce, en la entrada, venía Washington Bertolino, un señor que tocaba el acordeón muy bien. Sonaba un montón. Primero hicimos la presentación local. Conozco los micrófonos de ahí del club. Todo muy precario. Pero tenía un acordeón que sonaba un montón. Y de allá San Francisco, que eran como 12 monos que tocaban el acordeón. Era esa época cuando la gente se podía. Había poder adquisitivo que traían dos conjuntos de afuera y una parte local. Bueno, esos bailes, por ejemplo, tenían como particularidad eso y todo lo otro. Que bailaba tanto el que sabía bailar. Porque el que era corajudo, bailaba con alguien que sabía bailar. Y si andaban medio mal las cosas, paraban y decían: "Por favor, ¿me llevas a la mesa?" O lo dejabas parado y se iba ella. Pero no había problema. Había algunos que decían: "No me dejes parado porque no te voy a dejar ir". Y así pasaba. Tenía que aguantar toda la canción.

- Un poco como la vida real, ¿no?

 Así es, como la vida real. Por eso es que se practicaba mucho la gente antes de ir al baile porque no quería pasar esos papelones, porque ellos los llamaban papelones. Cuando la compañera le decía: "Por favor, no nos podemos seguir porque no nos llevamos de acuerdo". Las chicas sabían bailar, pero él no. Él se metía en medio y hacía cualquier cosa. Y el tango, si es cierto, no es difícil, pero hay que saberlo bailar. Ahora se usa de otra forma. Se usa más estilizado el tango. La milonga también tiene su ritmo, tiene su sentido de circulación y tiene sus propias reglas también.

- Sí, yo pienso que solamente ahora el aprendiz, según dicen los maestros, solamente se lo camina el tango.

 -Se lo camina un poco hasta que tome confianza, el comienzo, como todas las cosas. Como yo al principio tocaba bien simple, después con el tiempo le voy poniendo arreglos. Y así, a cierta hora, me imagino que se va a mencionar al bailarín. También se sabe que le van agregando cosas lindas, pasos distintos, cortes.

 

- Hay dos tipos de baile en el tango: uno tiene que ver con el baile social, con el baile de milonga. Básicamente, saber caminar bien, la conexión, ir al ritmo con la música, y todo ese tipo de cosas. Después está el otro, el baile profesional, la exhibición, que es más estilizado, con mucho más acrobacia.

 -Sí, así es. A mí me gusta todo lo que es, pero yo a lo mejor vi a Mora Godoy cuando vino acá. Es una artista de primera línea. Pero claro, los chicos se asustan cuando la ven bailar, porque para bailar eso hay que tener un estado tremendo. Aparte, los bailarines que tienen son a la par de ellos, no hay ninguno que desafine. Mora Godoy tiene cartel, pero los que lo acompañan son también maestros del tango. Y aparte que tiene sus coreografías, que las tienen súper ensayadas. A mí me encanta también el tango ese, pero verlo no siempre, esporádicamente sí. Me gusta más cuando la gente ve, por ejemplo, cuando voy a tocar a Villa Mercedes o a Merlo, y en Merlo, cuando le conté que fui al baile de la fiesta de la dulzura, no alcancé a tocar, que ya empezaban a bailar. Qué cosa hermosa que es eso. Porque claro, la mayor parte de la gente va porque le gusta. Y por ahí hay mucha gente de Buenos Aires que está por ahí, o de la zona, que se entera de eso. Y lo hace, no sé si esto fue alguna vez, lo hace en la calle, corta en la calle, y viene la gente, y hay de todo, artesanos, que ven esas cosas, es como una feria, y también pasa la parte artística.

- Maestro, cuando uno va a tocar a algún lado, ¿cómo elige su repertorio? Porque dices por ahí que hay tangos, digamos, que los conoce toda la gente, por ejemplo... tradicional. Hay otros tangos que por ahí no son tan conocidos, y bueno, algunos podrían ser muy conocidos, ¿cómo elige usted su repertorio?

-Yo dependo del cantor que tenga, porque tengo la visión de que un cantor con voz, digamos, sentimental, no está para cantar el Cambalache, que es un tango para una voz recia. Entonces, como el cantor que tengo ahora tiene una voz así, fuerte, firme, bien grave, también de todo, porque todos los cantores que yo he tenido han venido del folklore, salvo el primer cantor que tuve, que fue Juan Carlos Herrero, y Camucho Guerrero, que fue también uno de los primeros que cantó un tiempo, después se enfermó, y bueno, se fue a donde tenemos que ir todos. A mí me gusta buscar el repertorio para que el cantor se luzca, porque yo siempre digo, si el cantor se luce, se luce también la orquesta, porque no vale nada que usted toque más o menos bien y que el cantor no sepa cantar, hay que hacer un enganche, y trato de hacer eso yo con todo, no hago el tango viejo, viejo, viejo.

Ahora, si me permite, después voy a demostrar cómo se tocaba antes en mis tiempos, un tema, y cómo se toca ahora, el mismo tema. Lo que yo no quiero es que la gente no entienda lo que yo hago, o sea, que no pierda la esencia, la esencia del motivo de la música. Y bueno, y ahora, antes el tango se usaba cantarlo, yo lo he visto, José Basso, con los cantores que tenía, el Tata Floreal Ruiz, cantaba con las manos atrás así, pero se usaba cantarlo. Ahora se tiene que decirlo, como dice Cacho Castaña en el tango, "él se levanta con la arena", así es. Ahora se dice más, entra por el oído y también por los ojos, eso es importantísimo, hay que ver también la gente, porque a la gente le gusta. A los chicos he notado que le gusta mucho la guardia vieja, el tango, digamos, rítmico. Biagi, por ejemplo...

- Biagi, por ejemplo...

 Biagi fue pianista de D’Arienzo de la época oro, bien marcado, y bueno, fíjese, él tocaba con D'Arienzo, y cuando se desvinculó hizo su propio estilo, eso es lo que yo adoro.

- A mucha gente también le gusta lo romántico. Fulvio Salamanca.

- Bueno, fue también pianista de D’Arienzo. Bueno, tiene mucho Salamanca, tiene muchos temas muy buenos, pero lamentablemente ese conjunto no duró mucho, no sé por qué, porque ya era la época en que estaba el tango ya entrando en decadencia, en que otros ritmos se habían incorporado, son músicas, digamos, comerciales, más que todo. Porque el tango es música, hay de todo, hay música buena y música mala, porque he escuchado conjuntos de tango que hacen el tango como pueden, yo también lo hago como puedo, y he notado que otros conjuntos hacen tango, pero lo hacen demasiado arreglado, que al final usted no sabe qué tango es, y eso es lo que a mí no me gusta. A mí me gusta que la gente sepa qué tango está tocando, y si puedo hacerlo, también hacer participar a la gente con tangos conocidos como Caminito, como La Última Copa, como Garganta con Arena, que son tangos bastante escuchados. Entonces, la parte que son las más conocidas, hacemos participar a la gente, y eso es hermoso, me gusta compartir con la gente, aparte de que vaya la gente que está sentadita, también cante, y si ellos se sienten bien, y el que quiera que venga a cantar, los invito, porque tengo unos músicos que hace mucho que están conmigo, y no tenemos problemas.

Me pasó, estuve tocando en Carlos Paz, en la temporada de 2013, no, en el año 2013-2014, tocamos todos los jueves, en el Teatro Acuario. Estuve acompañado de un cantor que era de La Falda, que se llama Carlos Aguiar, canta muy bien, hizo una temporada, y nosotros lo que hacíamos era la parte musical. Usted viera qué lindo que es. Me decía ese chico: "Américo", dice, "¿usted se anima a acompañar a un cantor aparte de mí?". "Sí, basta que me digas qué tema vas a hacer y en qué tono", entonces yo más o menos lo voy masticando con el chico para no estar en crudo. El primer jueves sí, estuvo bien. El segundo jueves ya no me dijo nada, me lo presentó allá cuando llegué. Usted sabe lo que es cantar a la gente, al público, con un ensayo así de hablando, nada de practicar nada. Por ahí encontraba un cantor que cantaba, por ejemplo, Portero, suba y diga, ¿en qué tono lo hace? Entonces ahí tenía que ir a buscarle yo la tonalidad con el bandoneón y decirles a los chicos míos también para que supieran. Son cosas que uno lo hace con la experiencia que tiene, los años, que no todo se hace, no es tan fácil, pero tampoco es imposible.

- ¿Ha ido a tocar a Buenos Aires?

- Sí, he ido, he tocado presentando el Festival -Festival de Tango de Justo Daract-. Toqué en la casa de Carlos Gardel, en la Casa de San Luis y en la calle que está, ¿cómo se llama? Donde están los capos del Tango, de la Avenida Mayo. Donde estaba el presidente de la Academia Nacional del Tango, ahí fue hermoso, me hicieron un reconocimiento. Para nosotros que somos de acá, provincianos, eso fue con el trío y el cantor nomás. Compartimos una velada hermosa. También en Córdoba fuimos al Patio Olmos, así que bueno, gracias a Dios, he tocado en muchas partes. En Chile fuimos 6 o 7 veces, también acompañé a este chico de La Falda, también en Chile habíamos ido como 4 veces antes y bueno, uno ya se conocía. Entonces cuando nos vieron, se arrimaron, me hicieron un presente que por ahí lo tengo, 25 años de “Valparatango” se llama, hacen un festival que todos los años se hace en Valparaíso. Se hace uno de muchas amistades, después lo llevaban a pasear, cuando vinimos por el Pacífico, paseando con esa gente muy atenta. Se encuentra uno con gente así y se siente muy bien. Realmente trae gratos recuerdos que seguramente nunca se van a borrar.

- Maestro, hablando del festival de acá, de Justo Daract, ¿cómo nació el tema del festival? Que lleva su nombre.

- Sí, es larga la historia, vamos a ocupar como dos horas, se lo voy a simplificar. La idea fue del gobernador, Alberto Rodríguez Saá, él fue el que puso la idea, porque primero en esa época el gobierno daba subsidios para las personas que quisieran hacer algún emprendimiento de cualquier naturaleza. El entonces intendente Domínguez me decía: "¿Por qué usted nunca pide nada?". "No, porque yo no soy de pedir". Dice: "Pídase algo, pídase porque el gobernador quiere colaborar con toda la gente". Vino como a esta hora y tenía que entregarlo como a las 20, tenía dos horas y tenía que pensar algo. Hice un papel pidiendo un equipo de ropa. Lo primero que se me ocurrió, y así fue. Entonces cuando vino a entregar el subsidio, había puesto en la mesa toda la gente del gobierno, y cada uno que recibía el subsidio iba a la mesa a buscarlo. Y cuando tocó el turno nuestro, se levantó el gobernador y se vino para el escenario, porque me pidió el intendente que tocara un tema y no le podía decir que era tarde. A veces tocar de tarde no es como tocar de noche. La cuestión es que tocamos y entonces se levantó el gobernador cuando ya llegó el turno de nuestro subsidio y me dice: "No te vayas que quiero decir algo". Pasó por el lado mío, que yo no tenía confianza con él. Tampoco tengo mucha confianza. Tengo un contacto, pero así de verlo de cerca, no tengo mucho vínculo. Pero yo sé que me aprecia muchísimo, como también le aprecio yo a él. Entonces me dice: "Subí al palco". Y subí al palco y dije: "Bueno, yo quiero decir una cosa que se me ocurrió ahora, porque vio que era así, muy espontáneo. Acá en Justo Daract tiene el tango más fuerte de toda la provincia". Cuando dijo eso, yo dije: "Vaya a saber qué iba a decir". "Yo voy a decirle a Américo que me ayude para que hagamos un festival que se llama Festival Provincial del Tango". Pasó un rato que dijo otras cosas y dice: "No, no lo vamos a hacer provincial, lo vamos a hacer nacional". Y después, al rato, cambió. "Lo vamos a hacer internacional". Y así fue el primer festival. Vinieron gente de Colombia, vinieron gente de Canadá, de Perú, de Uruguay. Bueno, esas son las cosas que hay.

- ¿Eso en qué año fue?

 Bueno, el primer festival fue en el año 2004, porque este va a ser el catorce, digamos. Claro, bueno, de ahí arrancó. Y eso que pusieron el nombre mío fue después de eso, con el tiempo. Porque primero nosotros tocamos en la parte provincial y después tocamos en la parte nacional. Era la gente que venía de Buenos Aires, de otros lugares. Y bueno, así fue que un día estaba yo, como le conté al comienzo, estaba con mi hijo, charlando con los artistas, y dice: "Me voy a venir a presentar a mi señora con el público". Yo quería también estar con ella, porque estaba solo, estaba con una amiga, pero me parecía feo que yo estuviera solo y ella también sola. Y mi hijo me decía: "Papá, no te vayas, porque te vienen a hacer una nota de Cadena 3". Bueno, me quedé ahí.

De repente estaba yo, una señorita me dice: "Por favor, ¿me acompaña?", y me agarró del brazo, me llevó, me puso en el centro del escenario. Digo yo: "¿Para qué será?". Porque yo ignoraba totalmente para qué era. Y no era nada eso. Después, cuando yo estaba ahí, estaba charlando Soldán, y vino Teté Coustarot. Ella me charlaba, me conversaba: "¿Cómo le va, Américo? Qué tal, un gusto de conocerlo". En esa semana me empecé a aflojar. Pero después yo no sabía para qué era. De pronto apareció el gobernador, con un decreto donde decía que desde ahora el escenario se llamaba Américo Moroso. Bueno, usted sabe que esas cosas, cuando usted las agarra así de improviso...

- Sí, muy emocionante.

- Claro, porque siempre hay que prepararse algo para decir, y no es tan fácil, y más para la televisión, ¿no? Así que bueno, no sé cómo dije, pero salió bien lo del escenario. La cuestión es que no se hace, digamos, como se dice vulgarmente.

- Cucuza Castiello, cuando estuvo acá en el último festival, hablamos de que lamentablemente no hay muchos festivales de tango en el país. Los más conocidos son La Falda en Córdoba y Justo Daract.

- Sí, hay, pero son más chicos. Hay en Varadero, pero ya son festivales, digamos, que tienen también otros géneros musicales. También hay varios festivales. La Falda y Daract son de los que tienen más difusión, los conoce más la gente. Y bueno, acá se distingue porque acá la gente viene y no paga nada. Usted sabe que un año hicieron venir artistas internacionales. El cantor que yo le nombro se llama Diango. Y Diango es una figura estelar en el mundo entero. Y vino justamente el día 11 de diciembre, que es el cumpleaños de Gardel, el cumpleaños de Julio de Caro. Y la gente de Caro, mucha gente, fue y le pedía temas que él tenía.

- Yo estuve esa noche.

- Ah, estuvo. Y decía: "No, yo he venido a cantar tangos y voy a cantar tangos".

- Hablando de las nuevas orquestas, ¿les gustan los nuevos cantores, las nuevas propuestas de orquesta, como Romántica Milonguera, Ariel Ardit?

- Sí, Ariel Ardit es muy personal. Aparte que él mantiene la esencia del tango. Y tiene una orquesta tremenda. Ha grabado afuera con orquesta sinfónica.

 

- También, una vez tuve un desafío. Cuando fui a tocar a la academia del tango. Omar Mollo es un rockero. Y ahora sale a cantar tango y lo hace muy bien. Cuando yo lo fui a saludar, le dije quién era. "Ah, ¿vos sos el Américo tan conocido?". Sí, yo soy el Américo de Justo Daract. Bueno, yo cuando vaya, voy a cantar un tango con... Y así fue. Vinimos acá, toqué yo. Le tocó tocar a él. Y me dijo: "Vamos". Sin saber qué íbamos a hacer, ¿no? "Bueno, ¿qué tango vamos a hacer?". La última curva. Y arranqué. Y después se me acopló Calamaro. Uno de los Calamaro, son los hermanos. También cantaron. Así fue. Y así se va formando la experiencia de uno. Aparte el Festival es muy familiar, los artistas comparten con el público y eso es muy importante.

 

A continuación -el audio/video- “Milonga Urbana” Tercer bloque “el maestro y su bandoneón”.

 

 

En el cielo estarán de fiesta se imaginan  a “Carlitos” que cada día canta mejor acompañado por el maestro Americo Moroso…

 

 

Seguramente en el Anfiteatro de los Sueños seguirá sonando un fuelle entonando algún tanguito, será Don Américo que desde donde este nos deleitara con su arte… ¡hasta siempre maestro!

 

 

                                                                                                                           EDGAR ZENERE.

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