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2 ABRIL- Día Mundial de Concientización sobre el Autismo

LOS OTROS 364 DÍAS: LA CULTURA DE LA EMPATÍA NO SE DECLAMA, SE EJERCE.

2 ABRIL- Día Mundial de Concientización sobre el Autismo

LOS OTROS 364 DÍAS: LA CULTURA DE LA EMPATÍA NO SE DECLAMA, SE EJERCE.

Imaginen que de pronto, el volumen del mundo se sube al máximo. Que el zumbido de una heladera suena como una turbina de avión, que la etiqueta de una remera raspa como un papel de lija y que el roce de otra persona quema como el fuego. Imaginen un bombardeo sensorial ininterrumpido donde cada estímulo es un asalto a la calma. Para muchos niños autistas, ese no es un ejercicio de imaginación; es su realidad cada maldito segundo de cada día. No es capricho, no es "falta de límites". Es su forma de percibir un mundo que no está diseñado para ellos.

Hoy, 2 de abril, nos vestimos de azul para el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Y nos sentimos bárbaros. Pero mientras nos llenamos la boca de inclusión y palabras bonitas, y los funcionarios posan para la foto, la realidad cotidiana es un cachetazo.

Nos hemos vuelto una sociedad de cartón pintado. Tolerantes en la teoría, expulsivos en la práctica. Nos conmueve la imagen de las redes, pero nos molesta la presencia real cuando interrumpe nuestra sacrosanta normalidad. Basta de la melancolía cobarde de lamentarnos por lo que no es. El dolor de estas familias no es un tema de debate; es un fracaso colectivo que nos debería avergonzar a todos.

Hoy, 2 de abril, el calendario nos recuerda que es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Y el mundo, que suele ser bastante distraído, se detiene un instante a mirar. Se encienden luces azules y se pronuncian discursos cargados de buenas intenciones.

Pero la melancolía nos asalta cuando nos preguntamos qué queda después de la función. Porque la falta de empatía es un mal democrático que no distingue estamentos: está en el funcionario que firma leyes de inclusión que después no financia; en el docente y directivos que prefiere la comodidad de un aula homogénea antes que el desafío de la diversidad. Me saco el sombrero por aquellos docentes que la pelean en soledad ante la apatía que mira para otro lado.; y en el vecino de a pie que mira de reojo y con fastidio cuando un niño grita en la vereda porque el ruido de la calle lo aturde. Y te mira con mala cara como diciendo eduque a su hijo. Aquel que se fastidia porque en la cola del Super pasas primero porque tu hijo no tolera las esperas o los ruidos fuertes. Eso si te ponen la “hora azul” como si el autismo fuera cuestión de una hora determinada por ellos. 

Nos hemos vuelto expertos en el simulacro de la tolerancia. Nos conmueve la teoría del dolor ajeno, pero nos molesta la práctica cuando altera nuestra comodidad cotidiana. Es una tristeza honda ver cómo una sociedad se jacta de sus avances mientras sigue dejando al margen a quienes no encajan en el molde de la mal llamada "normalidad".

Necesitamos, de manera urgente, una profunda rebelión de las conciencias. No podemos seguir siendo espectadores indiferentes que limpian su culpa con un posteo una vez al año. La verdadera inclusión no se declama en los atriles; se milita en las esquinas, en los trámites sin trabas, en las aulas abiertas con los colores adecuados y en la mirada que abraza en lugar de juzgar. Ojalá seamos capaces de construir esa sociedad donde el respeto no sea una excepción del almanaque, sino la única forma posible de habitar este bendito suelo. 

 

                                                                                                                       Edgar Zenere-

Fuente: Edgar Zenere

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